CASA-MUSEO ARTURO CERDÁ (CABRA DEL SANTO CRISTO, JAÉN), SANTUARIO DE LA VIRGEN DE CUADROS (BEDMAR, JAÉN), CASTILLO NUEVO DE BEDMAR (JAÉN) Y PALACIO DE LOS MARQUESES DE VIANA (GARCÍEZ, JAÉN)

JOSÉ ÁNGEL MARINA GIL

Estamos en una de las casas-museo más originales de España: la Casa-Museo de Arturo Cerdá, en la localidad giennense de Cabra del Santo Cristo. Construida en 1898 por el fotógrafo de Monóvar (Alicante) Arturo Cerdá y Rico a su imagen y semejanza, diseñada para la práctica de la fotografía, su interior constituye uno de los mayores atractivos que se puedan encontrar en cualquier rincón de la P. Ibérica.

El modelo de vivienda fue una casa de estilo regionalista que el arquitecto Jurillo levantó en el sevillano barrio de Triana. La casa constaba de un amplio patio cuadrado que articulaba todo el edificio, y alrededor se situaban las distintas habitaciones. El techo de la planta baja, que asimismo era el suelo de la planta superior, estaba hecho con grandes y sólidas losas de cristal transparente, lo que le confería una especial luminosidad a la planta baja y la convertía en un espacio excelente para practicar la fotografía. El patio estaba cubierto a su vez con una gran montera para que la luz cenital se repartiera por doquier, lo cual era un diseño heredado de los estudios fotográficos del siglo XIX.

Casa-Museo de Arturo Cerdá. Cabra del Santo Cristo. Patio de luz central

Además, Cerdá ordenó equipar la vivienda con un cuarto oscuro para el revelado fotográfico. Este laboratorio disponía de 3 ventanales cerrados con cristales de diferentes colores: verde, rojo y blanco. Según qué tipo de fotografías quisiera revelar, abría y cerraba un ventanal u otro hasta conseguir la luz adecuada. El empleo de luz solar en el revelado fotográfico posibilitaba una excelente calidad en las fotografías obtenidas, algo inusual en la mayoría de los aficionados a la fotografía de principios del siglo XX.

En esta casa específicamente construida para ser un estudio y laboratorio fotográfico, Cerdá y Rico realizó sus más notables creaciones, y la temática orientalista sería una de sus predilectas. Cerdá, hombre culto e inquieto, estuvo muy interesado por el arte en general, organizaba veladas literarias en su casa y se rodeaba de artistas y escritores de la época. Mantuvo una interesante correspondencia y amistad con pintores como Sorolla, Cecilio Pla, López Mezquita, Rodríguez Acosta, Martínez Victoria, etc.

Casa-Museo de Arturo Cerdá. Cabra del Santo Cristo. Escalera

Su preferencia técnica era la fotografía estereoscópica, donde demostró su maestría. También se recreó en otras técnicas como la autocroma de Lumière. Fue pionero en España de la fotografía en color. Colaboró en muchas publicaciones, como en la revistas Don Lope de Sosa, Photograms of the Year, La Fotografía, Graphos Ilustrado, Photos, etc., con temas como el retrato, paisajes, costumbrismo y composiciones.

Cerdá, hombre meticuloso y con buena formación científica, se dio cuenta de la importancia que tenía la fotografía desde el punto de vista cultural y etnográfico, antropológico, a diferencia de otros fotógrafos de su tiempo, que se quedaron en aspectos meramente artísticos del arte fotográfico. Cerdá insistió en retratar el pueblo llano en sus quehaceres más cotidianos, los oficios, los trabajos, las fiestas, y los acontecimientos meteorológicos de su tiempo con la obsesión de fijar con su máquina el instante preciso y concreto, a veces componiendo verdaderos cuadros impresionistas, costumbristas, y otras componiendo escenas de un finísimo humor entre las que destacan las series con sus nietos y las de los monaguillos.

Casa-Museo de Arturo Cerdá. Cabra del Santo Cristo. Cúpula de cristal

Vamos a visitar uno de las fortalezas más interesantes de Andalucía: el Castillo Nuevo de Bedmar. Ubicado en la localidad giennense de Bedmar, en la comarca de Sierra Mágina, se trata de un imponente castillo que por su importancia histórica excepcional está catalogado como Monumento y declarado BIC en 1993.

Se trata de una antigua fortaleza del siglo XV en ruinas. El castillo perteneció a la Orden de Santiago, la cual lo utilizó como baluarte defensivo para contrarrestar las incursiones del Reino Nazarí de Granada durante el siglo XV. En 1973 fue adquirido por un particular que lo mantuvo en su ya aquel entonces centenario estado de abandono, y posteriormente fue declarado BIC el 22 de junio de 1993. En 2017 el Ayuntamiento de Bedmar y Garcíez compró el castillo. En 2018 el recinto fue objeto de unas excavaciones arqueológicas.

Castillo Nuevo de Bedmar (siglo XV). Vista posterior, detalle

El Castillo Nuevo de Bedmar se alza sobre una gran peña en la que se labraron 2 sistemas defensivos, un recinto de murallas y el alcázar o zona residencial, ambos en un estado de conservación lamentable, por lo que en 2008 quedó incluido en la Lista Roja de Hispania Nostra, si bien en 2023 se concluyó una restauración parcial de sus muros. Su fábrica es de buena cantería y está construido en sillería de caliza.

La construcción de torreones cilíndricos no es necesaria por la situación del castillo, por lo que la fortaleza solo posee uno de ellos, con otros cuadrangulares en las esquinas.

El Alcázar se convirtió en mansión del Comendador de la Orden de Santiago. El castillo dispone de un patio de armas flanqueado por un cinturón de murallas sumamente quebrado, en zigzag. Los muros que lo delimitan se adaptan al zócalo rocoso y permiten su defensa, con ventanas en su fachada principal. Se conservan 2 de los cubos adosados al lienzo amurallado, uno de planta cuadrada y otro circular con ventanas centrales, con una portada reconstruida en el siglo XVI.

Castillo Nuevo de Bedmar sobre un espolón rocoso y la Serrezuela de Bedmar al fondo

El origen de Bedmar se remonta al siglo IX. La población se ubicó en la cueva, en la ladera de la Serrezuela. Esta se encontraba adosada a la roca a una altura de 20 m. Fue allí donde la familia muladí de los Banu Hábil se rebeló contra el Emirato, creando una situación de inestabilidad que perdurará hasta principios del siglo X, cuando la familia muladí fue derrotada por Abderramán III. Fue entonces cuando se construyó sobre un desnivel cerca del poblado el Alcazarejo o Castillo Viejo.

En 1227 Fernando III conquistó Bedmar. Sin embargo, pronto volvió a manos musulmanas hasta que finalmente en 1231 el castillo de Bedmar fue ocupado por Martín Sánchez de Bedmar, a quien Fernando III le donó Bedmar como señorío. Durante el siglo XIII los conquistadores cristianos incorporaron mejoras en la fortificación. A pesar de ello, en 1303 Muhammad III ocupó Bedmar. En 1309 Fernando IV llevaría a cabo el cerco de Algeciras, el cual desembocaría en la firma de la paz y Granada devolvió los castillos que había tomado en su ofensiva años antes, entre los que figuraba Bedmar.

Vista parcial de Bedmar desde el Castillo Nuevo

Fernando IV cedió el castillo a la Orden de Santiago, bajo la orden de crear la Encomienda de Bedmar y Albanchez. Esto hizo que Bedmar adquiriera una gran importancia estratégica como tierra fronteriza durante la guerra con el reino nazarí de Granada. En 1407 Muhammad VII protagonizó un nuevo asalto al castillo. Los nazaríes incendiaron la construcción y dieron muerte a su alcaide. Además, se llevaron como prisioneras a 2 de sus hijas, una de las cuales acabó casándose con un rey moro.

La inseguridad que mostró el Castillo Viejo ante los ataques nazaríes hizo que se abandonara la fortaleza y en 1411 se levantó el nuevo castillo por el infante don Fernando, en nombre del Maestre de Santiago, donde se construyó el Alcázar. Después de esta remodelación, varios ataques granadinos fracasaron. Bedmar estuvo bajo dominio de la Orden de Santiago hasta su venta en 1563. Felipe II la vendió a don Alonso de la Cueva. Su sucesor, Felipe III, le otorgaría el título de marquesado de don Alonso. Comienza entonces un deterioro de la edificación que llega hasta nuestros días.

Castillo Nuevo de Bedmar sobre un espolón rocoso y paramento exterior

Nos encontramos ante uno de los santuarios más bellos de toda Andalucía: el Santuario de la Virgen de Cuadros. Ubicado en el paraje natural de Río Cuadros, a 5 km de la localidad giennense de Bedmar, en la comarca de Sierra Mágina, el paisaje que lo rodea nos cautiva por su impresionante belleza.

Este santuario se levanta en la parte baja del Cerro Carluco y discurre a sus pies el río Cuadros, el cual vertebra la parte norte de Sierra Mágina y que abastece de agua a la localidad de Bedmar. Por encima del santuario se levanta la Torre de Cuadros, torre-atalaya de planta cilíndrica construida sobre un farallón rocoso en el piedemonte nororiental del mismo cerro, que constituye los restos de un castillo medieval.

Santuario de Cuadros y torre de Cuadros, cerca de Bedmar

Ya en las Relaciones de Felipe II, de 1575, se cita la gran devoción que en la comarca se sentía por la Virgen de Cuadros cuyo santuario se levantó en 1615. Su aspecto exterior es poco estilizado pero vistoso por sus contrastes volumétricos. Realizado en mampostería, la portada enmarcada por cornisa moldurada abre con arco de medio punto sobre impostas y enjuta lisa. En su eje se levanta una elevada espadaña de 2 cuerpos, el inferior con 2 arcos también de medio punto y el superior con uno, frontón triangular y jarroncillos.

Su planta es rectangular y consta de una sola nave cubierta con falsa bóveda de cañón de yeso, con falsos arcos fajones que se apoyan en pilastras. Tanto la nave como el presbiterio están decorados con motivos geométricos y temáticas vegetales. El coro se sitúa a los pies y lo sostienen 2 columnas con zapatas.

El camarín tiene planta poligonal y alberga la imagen de la Virgen de Cuadros. Es posible que la devoción a la Virgen de Cuadros se remonte a la Edad Media como corresponde a una comarca muy activa militarmente en la conquista cristiana y con una actividad primordialmente agrícola. El relanzamiento de su culto se basó en el modelo de religiosidad popular promovida por el Concilio de Trento del siglo XVI y en la política eclesiástica llevada a cabo en la provincia por el obispo Dávila. La importancia tanto procesional como de reclamo de peregrinación de romeros del santuario supera su valor artístico y monumental.

Santuario de Cuadros, cerca de Bedmar

Nos encontramos frente a uno de los palacios más singulares de España: el palacio de los Marqueses de Viana, en Garcíez (Jaén). Por su importancia histórico-artística excepcional, ya que se trata de un ejemplo único de la arquitectura rural renacentista española, fue declarado BIC en 2006.

Fue levantado por los herederos del antiguo señorío del condado de Garcíez, cuyo origen se remonta a Pedro I de Castilla y se mantuvo como patrimonio de los marqueses de Viana Castromonte hasta el siglo XX. Su fachada principal, de marcada horizontalidad y potente volumen, destaca por su soberbia factura.

Palacio de los Marqueses de Viana, Garcíez. Fachada principal

Desde 2015 se encuentra en la lista roja del patrimonio en peligro de la asociación Hispania Nostra. El motivo es su abandono, que está ocasionando la degradación de la techumbre e invasión de vegetación, así como la pérdida de elementos escultóricos en la portada exterior occidental.

El palacio, construido por Pedro de Vandelvira, está emplazado en la zona central del casco histórico de Garcíez, tiene planta rectangular con alzado de 2 cuerpos. Se estructura mediante 2 patios, el 1º o principal ubicado en la zona occidental del inmueble, se compone de amplias galerías y estancias a su alrededor, y el 2º, situado en la zona oriental del edificio, en torno al cual se organizan las dependencias de los servicios.

Al interior del palacio se accede a través de 2 portadas: una, abierta en la fachada principal, y otra en el frente occidental del edificio, en la antigua puerta de entrada de carruajes. Desde la fachada principal se accede al interior a través del zaguán que conecta directamente con una galería o corredor que comunica con el patio central o principal, a través de una portada situada al norte.

Palacio de los Marqueses de Viana, Garcíez. Fachada principal (vista parcial)

La portada principal se encuentra descentrada hacia el lado derecho de la fachada. Se estructura mediante un vano escarzano de acceso, despiezado, con ménsula en la clave, flanqueado por pilastras toscanas. El entablamento muestra arquitrabe con gotas. El friso está decorado con triglifos y metopas con bucráneos entre guirnaldas. Cubre el acceso una puerta de doble hoja con clavazón y postigo en la hoja derecha.

La fachada principal, construida en piedra encalada, está situada al norte del edificio. Se compone de un alzado de 2 plantas compuestas de una sucesión de vanos dispuestos en eje, siendo en planta baja ventanales rectangulares cubiertos de reja en voladizo y en el piso superior balcones con antepecho de balaustres, todos de hierro forjado. Remata la fachada un alero sobre canes.

Palacio de los Marqueses de Viana, Garcíez. Pórtico de entrada

Sobre la cubierta de teja se levanta una sencilla espadaña de factura dieciochesca. Tiene forma piramidal y está compuesta de 2 cuerpos flanqueados por jarrones.

El patio de planta rectangular presenta un alzado de 2 plantas, compuesto en su costado oriental por una galería porticada en su planta superior de 5 arcos de medio punto que se apoyan sobre pilastras toscanas, rematada con una cornisa sobre canes.

Palacio de los Marqueses de Viana, Garcíez. Galería porticada del patio

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