JOSÉ ÁNGEL MARINA GIL

Hoy vamos a visitar uno de las fortalezas más importantes del litoral andaluz, el Castillo de Salobreña, en la provincia de Granada. Por su importancia histórico-artística, este castillo está protegido por el Decreto de abril de 1949 y declarado Bien de Interés Cultural en 1985.
Se conoce la existencia de una fortificación en Salobreña desde el siglo X. Aunque la distribución corresponde a la construcción que se levantó en época nazarí, el castillo árabe es el resultado de la aportación musulmana y cristiana.
Desde el Castillo de Salobreña, cúspide del pueblo y sitio estratégico de defensa, situado sobre un promontorio rocoso a 73 m de altitud, por la parte sur podemos ver el mar azul del Mediterráneo, con el Peñón de Salobreña, que se confunde con el horizonte del cielo, e incluso si hay un día soleado se puede divisar África. Justo debajo encontramos la enorme vega verde, antiguamente cubierta de agua, siendo el castillo un islote (hoy en día el castillo se halla separado de la línea del mar unos 500 m) y desde donde empezaba el pueblo.

En el siglo XIII el Castillo fue construido como un medio de defensa, pero en el período nazarí este pasó a ser una cárcel por la que pasaron algunos monarcas como Yusuf III, quien pasó allí casi 11 años de su vida, Muhammad VIII, el cual fue ejecutado, Muhammad IX el Zurdo, Abu Nasr Sad y Muley Hacén. Tras la conquista castellana el castillo pasó a ser propiedad del alcaide Francisco Ramírez de Madrid, en 1489, nombrado por los RR.CC. Posteriormente fue abandonado por no ser punto de defensa y se ha tenido que someter a numerosas reformas.
La puerta principal se inscribe en el interior de una torre en la que se desarrolla un típico acceso en recodo simple, articulado mediante un espacio cuadrado cubierto con una bóveda vaída de ladrillo. El vano exterior, abierto en el muro sur, es obra de ladrillo y presenta un arco con su correspondiente alfiz. El vano interior se abre en el muro oeste para dar acceso al recinto interior de la fortaleza. Tanto en la puerta exterior como en la interior se conservan los agujeros de control de acceso y las improntas de las puertas.
Estamos ante el recinto de la Barrera de Artillería, de época cristiana, con un paramento interior y contrafuertes, los cuales sirven para contrarrestar el empuje de este muro lateral.

De planta trapezoidal, dispone de 3 recintos: el interior se corresponde en su disposición con el antiguo alcázar nazarí, de planta triangular, jalonado por 4 torres: la Torre del Homenaje, la Torre Nueva, la Torre del Polvorín y la Torre Vieja; los otros dos recintos, con una función defensiva, son una ampliación castellana de finales del siglo XV.

Encontramos en los recintos cristianos la torre de acceso y la barrera exterior, flanqueada por 2 torres más, El Cubo (de planta elíptica) y La Batería (de planta pentagonal). Finalmente, la Coracha, que hace alusión a un sistema defensivo que protege una toma de agua y que presenta en sus extremos la Torre del Agua y la Torre o el Baluarte de la Coracha.
La dependencia militar lo constituye el Baluarte del Aljibe, construido entre los siglos XVI y XVIII. Con unas dimensiones de 7,50 m de longitud, 4 m de anchura y 3,20 m de altura, dispone de su aljibe correspondiente para el almacenamiento de agua. Está construido con muros de tapia de argamasa y bóveda de ladrillo con forma de medio cañón. Conserva su enlucido hidráulico de color almagra, así como la solería de baldosas de cerámica.
Tenemos delante la Torre del Agua, la cual según los documentos castellanos hace referencia a la posible existencia en ella de una noria, la cual subiría el agua desde una acequia procedente del río Guadalfeo que llegaría hasta las proximidades de su base en el actual Paseo de las Flores. Estratégicamente era la torre más importante, ya que se trataba del único suministro de agua de la fortaleza. Oculta en su interior los restos de un pozo de noria medieval, que quedó sin ningún acceso.

Nos encontramos frente a la Torre o Baluarte de la Coracha, situada en el extremo noroeste del castillo. Construida en el siglo XVI, se trata de una edificación de planta ligeramente trapecial realizada en fábrica mixta de ladrillo y mampostería y tapias, apoyada directamente sobre la roca. Esta rematada con un antepecho, reconstruido casi en su totalidad en el siglo XX. Su finalidad era ayudar a defender a los que viniesen a socorrer la fortaleza por el mar.

Refrescantes jardines internos envuelven los volúmenes arquitectónicos. Durante el periodo nazarí albergó, además, un palacio real para descanso que también sería utilizado como prisión real. Dispone, asimismo, de unos baños, equiparados a los mejores de época nazarí. Tanto el palacio como los baños siguen el modelo del Palacio de Comares de la Alhambra.
Los baños del castillo se componen de 3 zonas: una zona seca, con las dependencias de acceso al baño; una zona húmeda, que se compone de 3 espacios sucesivos que estuvieron cubiertos por bóvedas de ladrillo: la sala fría, que en este baño se reduce a un pequeño espacio de transición entre la zona seca y la húmeda; la sala templada, que disponía de 2 estancias laterales situadas en una cota más alta; la sala caliente, en cuyo extremo hay una pileta de agua, la cual se calentaba con el sistema del hipocausto; y una zona de servicio, que se emplaza entre la sala caliente y la calle que delimita el baño a levante.

Se contempla, en primer plano, la zona seca, con acceso mediante una escalera desde el edificio residencial. Ya en el interior, un pequeño zaguán daba acceso a un espacio cuadrado cubierto posiblemente con un tejado con ventanitas de iluminación debajo. Su posición central le permitía articular otras dependencias menores como la sala de reposo y las letrinas. Estas salas han conservado su pavimento original de cerámica vidriada de color blanco y negro, con cenefas verdes.

